Opinión personal
Explicación fácil para niños de de
donde vienen
Argumento de la película
Cigüeñas
En una escena (la explosión de fabricación de
bebés en la fábrica cigüeñil) que en manos de Buster Keaton o del tándem Frank
Tashlin/Jerry Lewis habría quedado en los anales de la comedia física, Cigüeñas parece
estar más interesada en la parte blandita del relato que en la
mecánica humorística, y también crítica, de ese caos. Uno, que había
descubierto y admirado a Nicholas
Stoller como autor con
personalidad dentro de la nueva comedia estadounidense, siempre con una vena
gamberra e incluso ácida, se sorprende de que se deje llevar por la parte más
amable de esta historia sobre ser padres, sobre la paternidad. Una extrañeza
que se disipa un tanto no solamente porque, como todos, igual Stoller ha
madurado, se ha vuelto un hombre de familia y tiene la necesidad de compartir
su estatus, su felicidad y su declaración de amor con respecto a pasar las
horas jugando con tu crío (que no deja de ser como hacer películas) en vez de
convertirte en un workaholic. Extrañeza que se disipa porque en sus brománticas
historias vistas en sus películas y guiones anteriores, ya se asomaba ese
cariño paternal hacia sus personajes, esa vena sentimental… y madura. Le choque
a alguien, o incluso le tire de espaldas (ya se sabe que valores como la
paternidad o la vida familiar no están de moda o son tildados de
conservadores), a quien esto firma poco le importa. Lo
que de verdad le importa es que está ante un pequeño prodigio de animación que
hermana estilos sin ningún problema (del cartoon con los lobos a esa
especie de anima robótico en el enfrentamiento final con el villano) y que presenta una galería de personajes verdaderamente
adorables.
Desde esa extraña pareja formada por la huerfanita pelirroja y la cigüeña atribulada metidas en una road movie cómica canónica con un bebé a cuestas, a una pléyade de secundarios de oro (comenzando por ese rastrero pichón que se diría trasunto del cabezón e idiota inspector Fix de La vuelta al mundo en 80 días), Cigüeñas habla, en el fondo, de esa necesidad de sentirse parte de algo, llámese amistad o familia. Nicholas Stoller ya hablaba de esto, de maneras igual un tanto más destroyer y escatológicas, así que hasta en esta su primera incursión en la animación podemos seguir rastreándole como autor. Eso sí, si se hubiera detenido más en el slapstick y menos en toda la parte dedicada al niño y sus padres yuppies, igual hasta le habría subido la puntuación.
Desde esa extraña pareja formada por la huerfanita pelirroja y la cigüeña atribulada metidas en una road movie cómica canónica con un bebé a cuestas, a una pléyade de secundarios de oro (comenzando por ese rastrero pichón que se diría trasunto del cabezón e idiota inspector Fix de La vuelta al mundo en 80 días), Cigüeñas habla, en el fondo, de esa necesidad de sentirse parte de algo, llámese amistad o familia. Nicholas Stoller ya hablaba de esto, de maneras igual un tanto más destroyer y escatológicas, así que hasta en esta su primera incursión en la animación podemos seguir rastreándole como autor. Eso sí, si se hubiera detenido más en el slapstick y menos en toda la parte dedicada al niño y sus padres yuppies, igual hasta le habría subido la puntuación.

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